Llamas, cenizas y besos



Donde hay deseo,
hay fuego,
y si hay fuego,
alguien saldra quemado,
pero solamente porque quema no significa que te va a matar,
en el limite de la existencia está
esa punta que corta,
esa orilla de la nube,
el filón de plata,
donde nuestros límites se convierten en nuestras barreras,
donde romperlas nos lleva más allá,
donde la velocidad nos lleva al límite del control,
a una versión un poco más perfeccionada,
más vapuleada,
más dañada,
más pura
y aproximada a ese sueño que tuvimos un día
llamado ideal.

El fuego no le hace nada a las piedras,
el fuego no entra al mar,
y ¡Caray! las cenizas no se queman, - que si lo sabre -
el fuego no nace en el vacio,
pero un suspiro es suficiente para avivarlo;
un roce convierte un fosforo en un incendio forestal;
un beso convierte una casualidad en una leyenda;
un capcricho convierte a un cuerpo en una bolsa de huesos,
a un alma en un fantasma,
a una creación en un paisaje desolado.

¿Cuánto aguantarás abrazando las brasas?
¿Cuándo una quemadura es un tatuaje?
¿Cuándo quema tanto que te deja irreconocible?
¿Será que otra piel sobre lo quemado hace un injerto de vida?

Te tienes que levantar y hacerlo,
dejar de intentarlo,
dejar de jugar a que lo haces,
dejar de pretender que eres el titere de ti mismo,
dejar de relegar las decisiones a la fortuna funesta,
deja de creer que alguien más decidirá por ti,
deja de creer que “es mala suerte”
porque ese maldito destino no es más que tu propia creación.

Y si al final del horizonte te quedas,
te voy a incendiar,
carbonizare tus huesos,
evaporare tu sangre,
calentare tanto el aire que te rodea que sentiras que respiras el infierno,
y mis labios incineraran cada centimetro de tu espalda,
y mis versos arederan en cada uno de tus sentidos;
voy a reducir tus dudas a cenizas,
voy a hacer una combustión expontanea de tu resitencia
y si crees que el sol arde en el espacio,
espera a ver nuestros cuerpos fundidos
tanto que no solo dejaremos de ser eso que eramos
sino que atentaremos a cambiar la historia,
a forjar el destino,
a chamuscarle los pies a la vida
en una burla sonora
de eso que nego
y fue posible.


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