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Reminiscencias

Nadie tiene más derecho de odiarte que yo,
nadie sobre esta tierra te puede detestar como yo,
nadie hasta el fin del mundo te maldice como yo…

Te quisiera fuera de este mundo,
apagada,
muerta,
extinguida
que yo supiera que estás callada en las tardes de otoño
e inmóvil en las mañanas de invierno,
no te quiero en este mundo conmigo
y no me voy a ir,
eso está decidido.

Te deseo que te pudras en mi olvido,
que te quemen las llamas del infierno
y es que ahí es donde debes de terminar por lo que has hecho en contra del amor.

Te maldigo,
con todo el derecho que tengo,
con toda el alma,
¡Te maldigo!
Un día de otoño despertarás
y tu belleza estará marchita,
bajos tus ojos de cielo estarán mis ojeras ganadas desvelándome por ti;
tu mirada no tendrá brillo, porque tu alma no podrá engañar a tus ojos, será simplemente tu mirada sin más;
tus manos estarán ásperas, tus dedos cansados y nadie estará ahí para tomarla;
un día en una mañana de otoño dejarás de ser lo que yo amaba y serás lo que escondes en tu alma
y nadie estará ahí para verlo.

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